He jugado a ser político por un día, y me han tratado tan mal que me alegro de haber terminado decantándome por el periodismo
Estrategia

He jugado a ser político por un día, y me han tratado tan mal que me alegro de haber terminado decantándome por el periodismo

El género de los city builders ha evolucionado muy poco con los años. Hablamos de un tipo de juego muy básico que nos da la opción de dirigir una ciudad, imperio o estación espacial —al menos es un género muy mutable, eso sí— con un abanico de opciones accesibles casi desde el primer momento y que poco a poco van ampliando su abanico de habilidades. Dicho así, suena lo menos interesante del mundo, pero lo mejor del género es cómo éste juega contigo, te da las opciones para disfrutar de su propuesta y va tergiversando el propio juego hasta tenerte entre la espada y la pared con gestiones, en principio, arbitrarias pero que marcan el destino de la partida.

Esto es lo que hace llamativo a los city builder dentro de la estrategia y por lo que Kapital: Sparks of Revolution, de base, funciona. Obviamente, la temática política y de lucha ideológica casa a la perfección con un juego más narrativo como, por ejemplo, Road 96; pero qué mejor forma de desafiar al jugador que con todo en su contra, avivar la llama de la revolución y poner nuestra cabeza en una pica siempre que se pueda.

Kapital: Sparks of Revolution, del estudio bielorruso Lapovich Team, se fundamenta en la idea básica de los city builder dejándonos a cargo de la dirección, control y gestión de una ciudad de principios del siglo pasado. En este caso, la ambientación es la mejor posible para un juego de esta naturaleza y que pone la primera piedra a una lucha de clases como principal detonante de todos los acontecimientos del juego. Si bien es un aspecto tremendamente llamativo, al fin y al cabo su título no deja lugar a dudas de qué temática abordará, esta lucha social es algo difusa —además de presentar ciertas disonancias que, si me permitís, me gustaría comentar a continuación— con la burguesía, clase obrera y nobleza luchando por sobrevivir tras una guerra.

Lo cierto, es que el manido sistema de un city builder es lo menos llamativo aquí: gestiona; construye para satisfacer; controla para gobernar; atiende a las peticiones... Pero es en esa dificultad intrínseca del género y en cómo juega con nosotros el propio título donde está la gracia de todo. Kapital: Sparks of Revolution es difícil, incluso en su modo más sencillo. Sí, el juego me ha obligado a reducir la dificultad porque una vez pierdes 3 ciudades a manos de la turba, te replanteas si de verdad vales para la gestión política. Hay que deliberar qué es lo mejor para el pueblo en su conjunto, pero sin olvidar ninguno de los 3 estratos del mismo, por lo que el juego aumenta de dificultad y se permite falsear sus propias acciones.

Kapital Sparks Of Revolution

¿Cómo lo hace? Con diálogos estáticos y decisiones de "esto agradará a unos pocos, pero cabreará a muchos" que juegan en la fina línea de lo moral. Sparks of Revolution es lo que es, no busca ser tremendamente profundo, y quizá por eso su discurso político se diluye pasadas unas horas de juego. Aún con todo, sabe trabajar con las herramientas de las que dispone. Constantemente seremos partícipes de un tira y afloja entre los grupos sociales que nos hará decantarnos por uno u otro. Quizá nos conviene preservar los derechos de los burgueses ya que de ellos depende gran parte de las mejoras, pero dejar de lado a la nobleza se traduce en un consiguiente duelo por la influencia donde podremos perder contratos con otras ciudades o la evolución de nuestra urbe, abanderada por los estratos más altos.

Sparks of Revolution sorprende por cómo su fin no es divertir ofreciendo más, sino divertir siendo puñetero

Esta apuesta independiente se permite el lujo de juguetear con el usuario de una forma muy curiosa pues mientras otros títulos del género buscan que nuestra ciudad florezca con pequeños altibajos, aquí lo único que hay en el camino son piedras, muchísimas he de decir. Dirigir una sociedad no es fácil, y las ganas de quemar el palacete donde te hospedas crecen día a día, y os aseguro que lo quemarán, y si no llegan a él, arrasarán la ciudad. La IA es muy extremista, claro está, pero si inundamos la ciudad de alcohol y no de comida, ¿qué podemos esperar?

Eso sí, este título apuesta por un gestor de ciudades muy acotado. El estudio noreuropeo limita el radio de acción a lo que hagamos en nuestra ciudad. No hay asaltos enemigos, tampoco combates o comercio con otras ciudades de nuestra elección. Todo lo gestiona la IA, una falta que tampoco achaco a que sea una debilidad sino una declaración de intenciones, de hacer que lo importante sea lo que pasa en las calles y en nuestra predisposición a gestionarla con buena mano.

Kapital Sparks Of Revolution

Sin embargo, quizá lo que defrauda un poco es su difuso concepto de la revolución política. Entiendo que un videojuego no puede ser un libro de historia. Sparks of Revolution tampoco busca serlo, de hecho se moja lo justo en discursos más allá de la clásica diferenciación del bien y el mal. Aun así, la idea de este juego es la de la lucha de clases e incluso su portada, que corona una página de Steam algo desaparecida entre todo el catálogo, incita a esa pelea por y para el pueblo.

Ante esto, Kapital se topa de lleno con los límites de su propio género. Quizá la idea detrás podría transmutarse y adaptarse a otro género, quién sabe. Lo cierto es que con las capacidades que ofrece, ciertas ideas se quedan en un "quiero y no puedo". Decantarse por un estrato social no es posible, el juego busca la utópica civilización occidental —que de hecho se menciona en el propio juego— con una ciudad ecuánime. La idea detrás de Sparks of Revolution da para los mejores y peores supuestos posibles. ¿Una ciudad tiránica con el control total de la nobleza? ¿Una sociedad bajo el mando completo del pueblo? El juego tiene las bases y hace falta evolucionar, y por ello Kapital: Sparks of Revolution se ha convertido en un juego que seguir a largo plazo, porque puede crecer y sorprender más que cualquier otro del género.

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