Llevo casi 6 horas repitiendo el tutorial de este DOOM rítmico, solo por lo divertido que es y los artistazos que tiene detrás
Acción

Llevo casi 6 horas repitiendo el tutorial de este DOOM rítmico, solo por lo divertido que es y los artistazos que tiene detrás

Cuando se presentó el tráiler de anuncio de Metal Hellsinger en verano de 2020, la recepción que tuvo apuntaba en una dirección muy clara: "parece DOOM" rezan los comentarios de Youtube en repetidas ocasiones. Y técnicamente lo es, vaya, no puedo decir lo contrario; es un juego que se conforma con añadir una capa rítmica a la acción de id Software. Pero sospecho que aún no somos conscientes de lo que eso significa en realidad. Llevo 5,7 horas registradas en Steam —lo que te puede durar un juego de acción sin demasiadas milongas, vaya— repartidas entre dos demos para la prensa de unos 10-15 minutos cada una. En el caso de la más reciente, corresponde al tutorial. ¿Por qué crees que he exprimido tanto ese material tan sencillito? Eso, querido lector, se debe a dos motivos: uno, que es muy satisfactorio. Dos, que tiene unas tablas de puntuación irresistibles. De las que enganchan.

Metal Hellsinger no es el único título que parte de esa misma premisa, todo sea dicho. BPM: Bullets Per Minute, que también es muy recomendable, hizo algo parecido en 2020. Y Raw Fury, el editor de juegos como Sable, tiene entre manos otra propuesta del estilo llamada Gun Jam. Pero el juego que venimos a cubrir hoy tiene un rasgo diferenciador, y es que casi toda la acción transcurre en arenas de combate cerradas. En escenarios así se habla el idioma de la violencia, y ese es uno que habla con la fluidez de un nativo. La música tiene mucho que ver con eso, porque matar demonios es una cosa y otra distinta es hacerlo coordinando cada disparo, cambio de arma, habilidad o animación de recarga con el ritmo de la música. A veces, incluso combinando todo eso al mismo tiempo: recargas un arma en el momento exacto del siguiente beat, presionas clic izquierdo y sale un disparo perfecto.

Matar de esa forma te da muchos puntos, pero al final lo que cuenta es el componente de satisfacción: el sonido metálico de los cartuchos y los cargadores, las cuchilladas o los impactos eléctricos se siente preciso, gratificante; como hacer una línea perfecta de Tetris. Es una mecánica que se presenta a sí misma como "furia", un medidor que aumenta a medida que juegas con el ritmo adecuado y maximiza la salida de daño, la puntuación final de la partida y cómo no, la gratificación de escuchar la música de fondo con vocales. Más incluso que en otros juegos del estilo, diría, porque más allá del SFX lo que tenemos de fondo es metal. De artistas conocidos, además: mi favorita de la lista es Alissa White-Gluz de Arch Enemy (y The Agonist antes de eso, que es una recomendación personal) pero también Matt Heafy de Trivium, Randy Blythe de Lamb of God o Tatiana Shmayluk de Jinjer. Recientemente también se anunció una colaboración con Serj Tankian, el ex de SOAD.

Metal Hellsinger es un juego increíblemente violento, pero no porque sus ejecuciones sean una orgía de sangre y vísceras, o tan cercanas y personales como las de DOOM Eternal; sino porque no quiere que te despegues de la acción. Ni para recuperar salud, ni para recoger munición, ni para pensar en dónde están los enemigos. La mejor forma de alejarse de una marabunta de mobs es matarlos a todos a la vez con una súper habilidad, o lanzarse a por otro que está al fondo con un rematador. Cuando avanzas por un pasillo hasta la siguiente arena, lo haces saltando y "tocando" una calavera como si fuera un instrumento musical para mantener arriba el medidor de furia, garantizando tu máxima efectividad en combate. Lo que no quiere que hagas es perder el tiempo —ni en combate, ni navegando por menús en busca de nuevas armas o árboles de habilidades, al menos, en las dos versiones que he podido probar de primera mano. Es pura diversión arcade de principio a fin, ¡por suerte!

Metal Hellsinger

¿Sabes qué pasa cuando no alineas tus acciones con la música? Pues por un lado, que no mantienes a los enemigos a raya y el juego se vuelve más difícil, y por otro, que no te quedas satisfecho. El sonido deja de empujarte hacia delante, notas que no estás limpiando enemigos a la velocidad de siempre, que estás literalmente malgastando puntos que podrían ir tal vez el doble o el cuádruple de lo que son. Y reinicias el nivel, esta vez decidido a usar la calavera como Satanás manda. Lo que tiene esforzarse tanto es que cuando terminas la fase más o menos satisfecho con lo que has conseguido, te ponen por delante una tabla de clasificación mundial y otra comparando tu hazaña con la de tus amigos. Como en los viejos tiempos, sí. Pero Metal Hellsinger no es un juego de speedruns como puede ser Ghostrunner, por ejemplo; no va de memorizarse atajos o abusar de algunos errores. Va de apuntar bien y disparar en el momento preciso. De alejarse antes de recibir un tortazo, de responder con un tiro perfecto después de recargar o de esquivar.

Si en ese momento te da por repetir el nivel que acabas de completar, lo siento mucho por ti: has caído en el hechizo y estarás metido en el verdadero encanto de Metal Hellsinger, que no es el de completar la historia ni el de escuchar metal. Es el de sentirte violento, un auténtico demonio (vaya chiste, ¿eh?) de la acción. A mi juicio, es una visita más que recomendada: incluso si tengo algunas dudas y quejas, como que las animaciones no son la gran cosa o que cualquier atisbo de narrativa está más que enterrado. Pero todos esos problemas me parecen tan insignificantes al lado de lo que puede ser ese vicio insano del ritmo, que los obviaría alegremente, sin remordimientos. Ahora, es cuestión de esperar qué tal está la campaña completa. La versión final del juego debería estar disponible en algún momento pendiente de confirmar del presente 2022, y será posible hacerse con él en PC (como mínimo en Steam, donde ya tiene ficha para poner en seguimiento) o en consolas recientes.

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