Uno de los shooters más satisfactorios que he probado en mi vida lleva años pasando desapercibido en las profundidades de Steam
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Uno de los shooters más satisfactorios que he probado en mi vida lleva años pasando desapercibido en las profundidades de Steam

La semana pasada, descubrí un juego del que me siento moralmente obligado a hablar: una de esas joyitas enterradas en las profundidades de Steam. Se trata de Synthetik, un shooter roguelike en perspectiva cenital que se popularizó en países angloparlantes cuando el creador de contenidos SsethTzeentach le dedicó un vídeo acuñando el (bastante acertado) apodo de "Ultraviolence Edition". La primera entrega, de apellido Legion Rising, se puso a la venta en 2018 y en estos momentos acumula un 95% de reseñas positivas; aunque también tienes una expansión standalone llamada Synthetik: Arena (free-to-play) e incluso una secuela que se estrenó el pasado mes de noviembre en formato de acceso anticipado.

Debo reconocer que a simple vista, no tiene nada de especial. Interpretas un soldado dispuesto a destruir todos los robots insurrectos que han puesto patas arriba la corporación que los fabricó, y a medida que te abres paso entre el aluminio en llamas, consigues nuevas armas con atributos aleatorios. Si el dios del RNG te otorga su bendición, sobrevives lo suficiente como para enfrentarte a amenazas cada vez más duras. Donde el juego de Flow Fire Games marca la diferencia de verdad es en dos aspectos distintos, pero relacionados entre sí: el manejo de las armas por un lado, y la fantasía de poder por otro. Combinando ambas cosas, Synthetik me ha hecho sentir un poco como el Juez Dredd; en lo que a brutalidad se refiere, al menos.

Estamos acostumbrados a que todos los shooters obedezcan al mismo patrón, ¿verdad? Si juegas a, digamos, Battlefield, a lo mejor tu arma tiene un cargador de 31 balas y otras 300 de suministros; 331 en total. Disparas 16, presionas la tecla R y ahora te quedan 320 balas repartidas a razón de 31 en el cargador y 289 en la mochila. Synthetik prefiere una aproximación más realista —adoro cuando los juegos hacen eso, como en Ready or Not o Escape From Tarkov— en la que esa mecánica de recarga se resuelve presionando una tecla para eyectar tu cargador actual, perdiendo todas las balas restantes en el proceso, y otra para poner un cargador nuevo.

Curioso cuanto menos, pero no es más que la punta del iceberg: también tiene el QTE de recarga de Gears of War, una mecánica de sobrecalentamiento de boquillas, otra para balas encasquilladas, e incluso la precisión disminuye mucho al moverte. "Pues vaya aburrimiento" dirás. No te culpo, pensaría lo mismo si me presentaran un shooter listando los impedimentos que te pone para disparar. Pero es que en Synthetik todo eso funciona de maravilla porque las armas son absolutamente brutales, y de forma muy literal, cada disparo pega como una bomba. El juego hace una cosa muy interesante que es no conformarse con transmitir eso en números, sino en sensaciones. Sientes que vale la pena maximizar el DPS.

Synthetik 2
Synthetik 2 tiene clases algo más flojas, pero siguen siendo muy profundas.

Al disparar, la pantalla se sacude con violencia mientras escuchas un estruendoso "k-chank". Si impactas sobre el metal de uno de los robots enemigos, ves la resolución del daño en la pantalla marcado en negrita, considerablemente más grandes si ha sido un crítico. Los gráficos no son nada del otro mundo, pero sí lo suficientemente molones como para hacer que tus oponentes cortocircuiten o exploten mientras te centras en poner más balas. De hecho, es tan bruto que todos esos matices de los que hablábamos (posicionamiento, recarga, temperatura) terminan siendo una especie de contramedida para evitar que arrases con todo a tu paso. Un poco como una bestia encadenada. Por supuesto, eso va en ambas direcciones.

Que te dan hasta en el carnet de identidad, como diríamos aquí. Incluso si disparar y recargar fuera una tarea más simple de la que es en realidad, no podrías ir moviéndote con alegría porque los oponentes responden con una potencia de fuego igual de letal que la tuya; por no mencionar el hecho de que como buen roguelike, la dificultad crece a medida que tu personaje se vuelve más poderoso. Avanzar unos pocos niveles mientras sube el nivel de alerta roja en el bando de androides es todo un logro, y es también justo el tipo de juego que te deja las cosas muy claras cuando pierdes. Te pisotea, pero sabes que es un fallo tuyo, así que vuelves a la carga.

Synthetik

La música y los efectos de sonido resuenan a ese apodo de ultraviolencia

Synthetik es toda una experiencia que recomiendo a todo el que sienta curiosidad. Adoro ese manejo de armas tan bueno, y también veo con buenos ojos la progresión: abrir un alijo con la certeza de que cualquier cosa que salga de ahí va a pegar que da gusto —tomad nota, looters, por favor— es poco menos que una bendición. Parece mentira que un juego tan pequeñito que ha pasado desapercibido por el público mainstream durante tanto tiempo durante cuatro años aún tenga actividad en su chat de texto global cada pocos segundos, pero es ni más ni menos que la realidad. Dicho esto, si quieres empezar a jugar, tal vez te preguntes cuál es la mejor opción.

Personalmente, diría que Synthetik: Arena. No está tan bien valorado como sus semejantes, pero es un free-to-play cargado de contenido y con todo lo bueno de la acción que hizo grande al primero. No tiene microtransacciones, sino apenas un par de DLC opcionales de apenas cinco euros cada uno y de los cuales tan solo el pack premium se me hace "necesario" para quedarte a jugarlo durante mucho tiempo. Luego tienes Synthetik 2, que como decía arriba, está en acceso anticipado. Ese tiene una visible inyección de presupuesto que lleva su apartado técnico a un plano superior respecto al original, pero aún no es tan satisfactorio en términos de armas y clases.

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